Mis hijos han sacado malas notas. ¿Cómo reacciono? Un artículo aparecido en ABC.es

Decepción. Decepción y enfado. Estas suelen ser las primeras sensaciones cuando los padres reciben las notas de los exámenes de sus hijos y han suspendido algunas asignaturas. También surge el miedo a no saber qué hacer para que esta situación cambie a mejor y la incertidumbre a sí tener malas notas tiene una relación directa con la capacidad de aprendizaje.

Según Nano López, coach ejecutivo experto en adolescentes, el sistema educativo es un pilar importante en la sociedad, sin embargo, el fracaso escolar no siempre depende de este sistema. En su opinión es importante tomar conciencia de qué es lo que está ocurriendo, sin juzgar, escuchando a todos los personajes que forman parte de esta historia.

Después, tenemos que tomar conciencia del problema y buscar soluciones. Los padres deben asumir únicamente su responsabilidad y nunca la de sus hijos. «Hay un proverbio chino que dice “dale un pescado a un hombre y le darás alimento para un día, enséñale a pescar y lo alimentarás para el resto de su vida”. Como padres demasiado protectores no somos conscientes de que muchas veces no dejamos a nuestros hijos que aprendan a pescar porque siempre tienen ayuda cuando quieren hacerlo. Debemos de tener en cuenta que habitualmente dejamos pasar desapercibidas: por un lado, la falta de motivación y, por otro, la comprensión sobre cuáles son sus tareas. Ellosdeben de tomar conciencia ya que son los principales protagonistas de la historia. Descubrir dónde está la brecha y matices puede ser una llave que nos abra el camino hacia una posible solución».

Retos a la medida de sus habilidades

Hay chavales a los que asumir grandes retos, si sus habilidades no están lo suficientemente desarrolladas, puede provocarles estrés, ansiedad y desesperación, como por ejemplo al chaval que no se le da bien jugar al fútbol y nos empeñamos en llevarle. Aunque él quiera hacerlo, porque el resto de sus compañeros lo hacen, puede generarle frustración. Del mismo modo, si las habilidades son muy altas y nuestros retos pequeños posiblemente entrarán en el aburrimiento y la desgana.

La importancia del equilibrio emocional

Este experto en adolescentes explica que no solemos tener en cuenta cómo se sienten los hijos en las diferentes áreas de su vida: amigos, familia, entorno escolar… «Muchas veces se pone la energía en hacerles que desarrollen actividades que les gustan a los padres como la danza o el futbol. También en realizar tareas que posiblemente no son necesarias pero, así lo consideramos, como una academia de inglés que simplemente refuerce lo que nuestros hijos deben de aprender en el colegio».

Pero, «¿cuándo los escuchamos?, ¿cuándo les damos la oportunidad de expresar lo que sienten?», cuestiona Nano López. Asegura que todos tenemos un sexto sentido innato a la superación y a la supervivencia. Sin embargo, pocas veces hacemos uso de ello si no buscamos sentido a las cosas tal y como dice Víctor Frankl en su libro “El hombre en busca de sentido”. Ayudemos a nuestros hijos a descubrir sus propias fortalezas y habilidades para que resuelvan por ellos mismos sus retos y problemas. Demos cabida a que aprendan a gestionar sus emociones, a conocerse y así, descubran cuál es su potencial. Seamos meramente espectadores de lo que les está ocurriendo y estemos ahí para cuando ellos necesiten que les levantemos, darles apoyo entendiéndoles y acompañándoles en su destino».

Nano López señala que es importante que descubran por ellos mismos que el error es una oportunidad más para aprender a hacer las cosas de distinta manera. Que entiendan que un fracaso es un impulso a la superación y así posiblemente podremos estar tranquilos y pensar que serán ellos mismos los que buscarán sus propias soluciones.

«Escúchales para que se sientan escuchados no para indagar. Trata de no juzgarles y sí entender sus puntos de vista. Pregúntales por sus necesidades y sus deseos. Diseña con ellos un plan de acción para superar esos escalones que les alejan de su destino. Formemos parte de su proyecto y, sobre todo, siempre ten en cuenta que es una persona con identidad propia».

¿Heredan los hijos los miedos y creencias de los padres? un artículo aparecido en ABC.es

Son muchas las grandes historias, a veces verdaderas tragedias, de personas que reciben una herencia de sus padres. Cuando se habla de herencias es fácil visualizar las joyas de la abuela, el coche del padre recientemente fallecido… «Sin embargo, nadie piensa en que más allá de las cosas materiales también heredamos de nuestros progenitoresemociones, costumbres y, sobre todo, creencias», explica Nano López, coach ejecutivo experto en adolescentes y padres.

Según este experto, no sólo heredamos de nuestros antepasados la forma externa, transmitida genéticamente: los ojos azules, el tipo de pelo, la complexión, altura…, sino que también heredamos esa parte más interna (por la misma vía genética) que afecta directamente a nuestro binomio cuerpo mente. «Todos nacemos con un software de serie donde están nuestros instintos más básicos aprendidos y heredados de nuestros ancestros. Posteriormente, según vamos creciendo, adquirimos diferentes tipos de aprendizaje relacionado, sobre todo, con la imitación: hacemos lo que vemos y aprendemos lo que escuchamos».

También forma parte de nosotros todo lo que nos rodea, lo que se conoce como influencias ambientales: la alimentación, el estrés, los pensamientos que se manifiestan de una forma clave en nuestro interior.

Nano López añade que a finales del siglo pasado, científicos de todo el mundo se reunieron para hacer un estudio genético que se denominóproyecto del genoma humano. Este proyecto tuvo como propósito descifrar el código genético contenido en los 23 pares de cromosomas, en su totalidad. «En esta investigación descubrieron que en nuestro ADN existían partes a las que hasta ahora llamaban “ADN basura”, que contenían una carga genética que no era visible. Ahora se ha descubierto que las influencias llamadas epigenéticas pueden hacer visible esta parte de nuestro ADN. Un hallazgo que ha cambiado por completo el paradigma existente y que ha permitido que se inicien estudios sobre este tema que han determinado que lo que decimos y hacemos tiene mucho que ver en nuestro desarrollo».

Según esta tesis, si desde pequeños recibimos una información, de una manera u otra, nos acompañará toda la vida. Al igual que los pensamientos negativos nos influyen en nuestro estado de ánimo y tienen un efecto directo sobre nuestro cuerpo y nuestra mente, los pensamientos positivos (se ha demostrado en enfermos) ayudan a la recuperación y a mantener el estado de salud.

Por este motivo, los padres que educan con creencias limitantes pueden trasmitir a sus hijos ese mismo tipo de creencias. «Para contrarrestarlas —incide Nano López—, lo mejor es tomar conciencia y al menos cuestionarlas. Creencias tan cotidianas como “no hija el fútbol es de niños” o “los chicos no lloran” pueden hacer que nuestros hijos encuentren bloqueos en mostrar sus emociones o que le impidan llegar a desarrollar muchas de sus fortalezas internas».