7 Consejos para ayudar a tu hijo en época de exámenes

fotonoticia_20160521101001_980Artículo para The Luxonomist

Junio es uno de los meses más importantes en la vida de un estudiante. Todos sus conocimientos se ponen a prueba. Muchas veces saben más de lo que reflejan en el examen porque les traicionan los nervios. A veces no estudian lo suficiente porque no están motivados y en otros casos, los niños pasan muchas horas “calentando la silla” sin resultados porque no saben estudiar. ¿Cómo podemos los padres ayudarles a mejorar sus resultados desde casa?

En muchas familias la época de los exámenes es todo un drama en el que intervienen padres, hijos y, si nos descuidamos, hasta vecinos. Se trata de una época estresante que va creciendo en importancia a medida que los niños se hacen mayores y van necesitando alcanzar una nota para estudiar lo que ellos quieren. ¿Hasta qué punto debemos intervenir los padres? Los psicólogos indican que no existe una receta única, sino que nuestra ayuda dependerá de la personalidad del niño y, sobre todo, de la ayuda que él mismo nos pida, ya que no todos los niños son igual de demandantes o nerviosos.  De hecho, algunos son tan independientes que sus padres ni se enteran de que están de exámenes.

El papel de los padres ha de desempeñarse desde la retaguardia: sin agobiar y actuando ‘a demanda’ del niño de una forma realista. No se trata de hacerles el proyecto de final de carrera o de pasar la noche en vela con ellos, porque es su responsabilidad y, en cierto modo, “su trabajo”. Pero sí hay habrá que acompañar facilitándoles las cosas y guiándoles con el apoyo que necesiten, siempre que esté a nuestro alcance. En este sentido, si no tenemos los recursos para ayudarles nosotros mismos, por tiempo o por conocimiento, lo mejor es recurrir a un profesional que les ayude a prepararse sin dejar las cosas para el último día. “La mejor forma de ayudar es la de observar, y si es necesario, acudir a profesionales que puedan dar tanto a los padres como a los chavales una visión diferente”, explica Nano López Romero, coach especializado en preadolescentes, adolescentes y padres. Estos son sus seis consejos para ayudar a nuestros hijos en sus exámenes:

Generarles motivación
En la motivación está el secreto de buena parte del resultados. Y ahí los padres poco podemos hacer, a parte de intentar generarla en ellos, haciendo que encuentren sus propias razones para estudiar.  “La motivación siempre depende de uno mismo. Es importante tener un motivo que los mueva a llevar a crear un sacrificio que les merezca la pena.  El problema es que suelen asociar sacrificio con sufrimiento”, explica el coach. Nuestro papel será el de hacerles concienciarse de lo que hacen y la importancia que tiene. “El hecho de poner un objetivo claro puede ayudarles a que focalicen y sean conscientes”.

Establecer rutinas y horarios
Si las rutinas nos dan estabilidad a lo largo de todo el año, qué decir tiene en época de exámenes.  Ordenarse en tiempos y marcarse objetivos es la mejor forma de afrontar la situación. “Un buen plan de acción siempre es la opción más efectiva para conseguir un objetivo”, explica Nano López.  Aplicado a la causa de los estudios, “hay que tener en cuenta que un curso es un trabajo de muchos meses y que los exámenes debemos planificarlos y prepararlos con tiempo porque nos jugamos mucho”.  Dentro de la agenda de estudio habrá que pautar descansos cada hora y media o dos horas y, sobre todo, no descuidar como mínimo ocho horas de sueño, muy importantes para retener lo aprendido.

Ayudarles a evitar el temido aplazamiento o procrastinación
Muy en relación con el cumplimiento de horarios y objetivos está el evitar distracciones y perder el tiempo viendo la tele, ordenando o preparando cafés. Los horarios están para cumplirlos, y si son estrictos, no darán lugar al aplazamiento. “Se trata de establecer un plan de acción basado en un objetivo claro y específico, donde podamos saber sin ambigüedad lo que queremos conseguir.  Lo que no está agendado difícilmente obtendrá nuestro compromiso, porque siempre vendrán las excusas”. Cumplir con los objetivos no es incompatible con el ocio o actividades distractoras, que también se deben programar, incluso a veces como recompensa al esfuerzo.

Organizar temas y contenidos
Idealmente lo podrán hacer ellos mismos, pero es posible que los niños más desordenados también necesiten nuestra ayuda para organizar la planificación de materias. En ese caso, los padres podrán interesarse y programar los contenidos de estudio diarios. Básicamente partiremos de la premisa de ir de menos a más en dificultad y por ello es importante que resuelvan sus dudas diariamente antes de avanzar. Se trata de estudiar los nuevos temas apoyándose en lo anterior, por lo que el repaso diario es tan importante como la adquisición de nuevos aprendizajes. Una buena idea es no dejarlo todo para el último momento ni ir al límite, sino dejarse un par de días extra por si surgieran dificultades o imprevistos que retrasaran los tiempos previstos inicialmente. 

Preparación del entorno
¿Dónde estudiar? ¿Cómo luchar contra la distracción? Igual que nos atenemos a un horario, hay que generar un entorno que facilite la concentración y que consiga vincularse al estudio. Y lo mejor es que decida él cuál es ese entorno. “El espacio de estudio debe ser elegido por el propio chaval, ya que debe ser un espacio tranquilo donde se pueda concentrar”, asegura López.  Y no hay que descartar las bibliotecas públicas donde “el sentir que hay más personas en la misma situación le podrá ayudar a sentirse cómodo”.  Si estudian en casa, la habitación tendrá que estar limpia y ventilada, procurando que el escritorio resulte ordenado e inspirador. Los padres podrán dejarle notas o post-it diarios de ánimo a sus hijos si creen que lo agradecerán.  Un “¡Ánimo, tú puedes!” o “¡Esto está chupao!” podrían funcionar.

Proporcionarles una ayuda efectiva y realista
Algunos padres no tienen paciencia pero se ven en el deber de ayudar a su hijo. El resultado es que no paran de discutir y el niño se bloquea para aprender. En estos casos, lo mejor es ser práctico y aceptar la realidad. Si necesitan un profesor por tener las materias de estudio gran dificultad, proporcionárselo.  Pero, en general, la responsabilidad es suya, y no nuestra. “No hay que hacerse cargo de lo que a ellos les corresponde. Hay que hacerles responsables y la posición de los padres es la de mostrar lo que puede ocurrir”, asevera Nano López. “El hecho de querer ahorrar a nuestros hijos el disgusto de traer un suspenso, les puede hacer traer otros problemas futuros de mayor envergadura relacionados con la futura responsabilidad que tendrán que adquirir en la edad adulta”. ¿Cómo lo van a conseguir si no lo han experimentado antes?

Recompensar esfuerzos y resultados
¿Hasta qué punto hay que estructurar las recompensas? Igual que se estudia, hay que premiarse por el cumplimiento de hitos. “Todos hacemos algo por algo. Esto lo tenemos que ver como si fuéramos nosotros mismos. Si nosotros trabajáramos y al final de mes no nos pagasen, seguramente que al mes siguiente nos buscaríamos otro empleo”, señala el experto.  Se trata de cambiarles la sensación de obligación por la de motivación, para lo cual no tiene nada de malo que “los padres aprecien su esfuerzo y les compensen en la forma que puedan”. Si va a existir alguna recompensa material, conviene definirla perfectamente junto a las condiciones exigidas para obtenerlo. Y, por supuesto, cumplir siempre con nuestra palabra.

El día del examen
Idealmente los temas ya estarán preparados y superar el examen supondrá un alivio en la medida en que terminarán con esa situación estresante de la preparación y el estudio. Como padre, intenta asegurarte que el niño duerme lo suficiente, ya que es fundamental para retener lo estudiado el día o noche anterior. Despiértale e intenta que desayune. Mejor que no repase ese mismo día, pero si quiere repasar en el camino hacia el examen, que sea un repaso ligero y sin obsesiones. Lo importante es que vaya tranquilo y tenga confianza en sí mismo. Por esta misma razón será mejor que evite hablar del examen antes de que tenga lugar, así como a compañeros nerviosos.

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